Atenea fue la única que permaneció firme, y le echó en cara a Zeus su cobardía, hasta que el dios volvió a adoptar su auténtica forma y lanzó un rayo contra Tifón, seguido de un golpe de la misma hoz de pedernal que había servido para castrar a Urano. Tifón huyó al monte Casio, y allí los dos lucharon a brazo partido. Tifón enroscó sus miriadas de espirales alrededor de Zeus, le arrancó su hoz y, después de cortar con ella los tendones de sus manos y pies, lo arrastró hasta la cueva de Coricia. Zeus no podía mover ni un dedo, y Tifón había escondido los tendones en una pies de oso, vigilada por Delfine, una hermosa monstruo con cola de serpiente.
La derrota de Zeus propagó la consternación entre los dioses, pero Hermes se acercó secretamete a la cueva, y allí Pan asustó a Delfine con un grito repentino, mientras Hermes sustraía los tendones y volvía a colocarlos en los miembros de Zeus.
Zeus regresó al Olimpo y, montado en un carro tirado por caballos alados, persiguió una vez más a Tifón con rayos. Tifón llegó al monte Hemo en Tracia, y desde allí cogió montañas enteras y las lanzó contra Zeus; pero éste interpuso sus rayos, de modo que rebotaron sobre el monstruo, hiriéndole horriblemente. Huyó hacia sicilia y allí Zeus puso fin a la carrera y al combate arrojando el monte Etna sobre él; y hasta nuestros días el fuego sale con fuerza de su cono.
Los Mitos Griegos de Robert Graves



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nice
good blog
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