sábado, 26 de abril de 2008

Orfeo y Eurídice

El nacimiento de Orfeo

Primero, pues, recordemos a Orfeo, al que en tiempos la musa Calíope se cuenta que, unida en el lecho al tracio Eagro, lo pariera cerca de la cima de Pimplea. Dicen de él que encantaba en los montes los duros peñascos y las corrientes de los ríos con el son de sus cánticos. Y las silvestres encinas, señales todavía de aquélla su música, sobre la costa de Tracia avanzan frondosas en orden espeso, aquellas a las que con su lira hechizadas las hizo él descender desde Tracia.


La perdida de Eurídice
De allí se alea el Himeneo, cubierto por azafranado manto, atravesando el cielo inmenso.Presente estuvo, sí, pero ni llevó allí palabras rituales ni rostro gozoso ni favorable presagio. Incluso la antorcha nupcial que sostenía no dejó de chisporrotear, produciendo un humo que hacía brotar las lágrimas, y no logró, por más que la movió, dar llama alguna. El resultado fue aún más grave que el augurio, pues la recién casada durante un paseo, en el que iba acompañada por un tropel de náyades, sucumbió por la mordedura de una serpiente en un tobillo.


la lloró mucho su marido en los aires de arriba, tras de lo cual, para no dejar de probat también con las combras, se atrevió a descender a la Estigia por la puerta del Ténaro y, atravesando multitudes ingrávidas y espectros que habían recibido sepultura, se presentó ante Perséfone y ante el soberano qe gobierna el repulsivo reino de las sombras, y pulsando las cuerdas en acompañamiento a su canto dijo así:

"Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que venimos a caer cuantos somos engendrados mortales, si es lícito y vosotros premitís que yo diga la verdad omitiendo los rodeos propios de una boca mentirosa, no he descendido aquí para ver el oscuro Tártaro, ni para encadenar las tres gargantas, provistas de culebras en vez de vello. El motivo de mi viaje es mi esposa, en la que una vibora, al ser pisada, introdujo su veneno, y le arrebató sus años en crecimiento.

Yo quise ser capaz de soportarlo, y no negaré que lo he intentado: pero el Amor ha vencido. Es un dios bien conocido en as regiones de arriba; yo no sé si también lo es aquí, pero sospecho que sí lo es también, y si la fama del antiguo rapto no ha mentido, también s vosotros os unió el Amor. Por estos lugares llenos de espanto, por este inmenso caos y por el silencio del vasto destino de Eurídice. Todos los seres os somos debidos, y tras breve demora, más tarde o más temprano, marchamos velozmente al mismo sitio. Aquí nos encaminamos todos, ésta es la última morada, y vosotros poseéis los más dilatados territorios habitados por la raza humana. También Eurídice será de vuestra propiedad cuando en sazón haya cumplido los años que le corresponden; os pido su disfrute como un obsequio; y si los hados niegan esta concesión para mi esposa, yo tengo tomada mi firme resolución de no volver: gozad con la muerte de los dos"

mientras él hablaba así y hacía vibrar las cuerdas acopañando a sus palabras, lloraban las almas sin sangre; Tántalo no trató de alcanzar el agua que se le escapaba, quedó paralizada la rueda de Ixión, las aves no hicieron presa en el hígado de Trito, y tú Sísifo, te sentaste en tu peña. entonces se dice que por primera vez las mejillas de las erinias, subyugadas por el canto, se humedecieron de lágrimas, y ni la regia consorte ni el que gobierna los abismos fueron capaces de decir que no al suplicante, y llaman a eurídice. Se encontraba ella entre las sombras recién llegadas, y avanzó con paso lento por la herida. Orfeo la recibió, al mismo tiempo que la condición de no volver atrás los ojos hasta que hubiera salido de los valles de Averno; en otro caso, quedaria anulada la gracia.

Emprenden la marcha a través de parejas de silenciosa quietud, y siguiendo una senda empinada, abrupta, oscura, peñada de negras tinieblas, llegaron cerca del límite de la tierra de arriba. Allí, por temor a que ella desfalleciese, y ansioso de verla, volvió enamorado los ojos, y en el acto, ella cayó de nuevo al abismo, Y extendiendo ella los brazos y esforzándose por ser abrazada y por abrazar, no agarra la desventurada otra cosa qe el aire que se le escapa.

Eurídice vuelve al inframundo

Tres veces un fragor resonó en las aguas del Averno, mientras Eurídice exclama: " ¿Qué pasa, qué me pierde, Orfeo, y te pierde? ¿Qué es este arrebato? otra vez llaman atrás los fieros hados y flotando mis ojos se anegan de sueño. Ya, ya me llevan rodeada de una inmensa noche, las manos que tiendo hacia ti, ¡ay!, no tiene fuerza, ya no soy tuya". No había acabado de hablar, cuando de pronto se perdió a su vista como el humo en el tenue aire y de su lado huyó; y ya no la vio más, aunque intentaba agarrar en vano la sombra y decirle tantas cosas.

Orfeo se desespera

Suplicó Orfeo, y en vano quiso volver a pasar; el barquero lo rechazó, y aun así durante siete días permaneció él sentado en la orilla, desaliñado y ayuno del don de Ceres; la angustia y la pena de su alma y las lágrimas fueron su alimento. Después de lamentarse llamando crueles a los dioses del Érebo, se retiró al elevado Ródope.

¿Qué iba a hacer? ¿Dónde ir con su amor dos veces robado? ¿ A qué dioses podía suplicar? Eurídice ya fría en la barca estigia naveaba. Mes tras mes, durante siete, llorando sobre una lata roca se quedó solo, y su queja penetró en las grutas heladas, enterneciendo a los tigres, arrastrando a los robles al son de su canto. Ni un amor doblegó su pasión ni boda alguna: solo recorría los hielos del Norte y el Tánais lleno de nieve y la llanura escita que nunca abandona la escarcha, llorando la pérdida de Eurídice y el inutil don de Plutón.

Orfeo muere

Por tres veces había terminado Titán el año que cierran los acuáticos Peces, y Orfeo había evitado entretanto todo amor femenino, ya fuera por la desgracia que le había acontecido, ya porque hubiera dado su palabra; a muchas, sin embargo, las dominaba el ansia apasionada de unirse al poeta, muchas sintieron el dolor de verse rechazadas. (...) Mientras con tal canto se llevava el vate tracio tras de sí las selvas y los animales feroces, así como las rocas que le siguen, de repente las mujeres de los tracios, con los pechos enloquecidos cubiertos de pieles de animales, ven desde la cima de una eminecia a Orfeo que acompasaba sus cantos a la vibración que daba a las cuerdas. Una de ellas, al tiempo que sacude sus cabellos que flotan en la ingrávida brisa, les dice: "¡Ahí, ahí tenéis a quien nos desprecia!", y arrojó su vara contra la musical boca del vate de Apolo, mas la vara, envuelta por las hojas, hizo sólo una señan sin herir. Otra usa una piedra como arma, pero la piedra en mitad de su aérea trayectoria se siente doblegada por la armonía de la voz y la lira, y, como suplicando el perdón de tan criminal intento, se detiene a los pies de Orfeo. Sin embargo, la bélica osada va creciendo y desaparece todo freno y reina la furiosa vesania; aun así el canto hubiera ablandado todas sus armas, pero un tremendo griterío y la flauta berecintia de recurvado cuerno y los tambores y el batir de palmas y los báquicos alaridos ahogaron el sonido de la cítara, y entonces ya las piedras se enrojecieron con la sangre de vate a quien no oían ya.

Y así las mujeres tracias, en medio de los ritos y la orgía nocturna en honor a Baco, descuartizaron a Orfeo y esparcieron sus restos por la ancha vega. Y aún después de separada la cabeza de su blanco cuello, cuando el río Hebro de Tracia rodando la iba llevando en sus aguas, su lengua exhalando el alma llamaba. " ¡Eurídice, ay, triste Eurídice!" y el eco sonaba en la orilla río abajo: "Euridice".

Información

Además, a dar la vida por otro únicamente están dispuestos los amantes, no sólo los hombres, sino también las mujeres. Y de este hecho la hija de Pelias, Alcestis, proporciona un testimonio suficiente en apoyo de mi afirmación ante los griegos, ya que fue la única que estuvo dispuesta a morir por su marido, pese a que éste tenía padre y madre. Y su acción pareció tan bella a los dioses(...) que dejaron subir su alma de Hades a la tierra. En cambio, a Orfeo, el hijo de Eagro, le despidieron del Hades sin que consiguiera su objeto, después de haberle mostrado el espectro de la mujer en busca de la cual había llegado, pero sin entregársela, porque les parecía que se mostraba cobarde, como buen citaredo, y no tuvo el arrojo de morir por amor como Alcestis, sino que se buscó el medio de penetrar con vida en el Hades. Por esta razón, sin duda, le impusieron también un castigo e hicieron que su muerte fuera a mano de mujeres.

2 comentarios:

Magister-Διδασκαλος dijo...

Ricky:
Vengo siguiendo tu blog desde que me enteré por Ana (¡sí: tu profesora!).
Te animo a que sigas escribiendo como lo haces. Sin darte cuenta, irás mejorando poco a poco, tanto en la forma como en el fondo.
¡Ánimo y adelante!
Saludos cordiales.
Luis.

Ricky dijo...

Muchas gracias, me alegra saber que aparte de Ana ( no mi profe, sino, mi super /mega/magnifica... profe), y mis dos o tres compañeros (de los pocos interesados al 100% en la asignatura, Cultura Clásica) me lee alguien mas, no se que mas decir, simplemente me encanta la asignatura, por eso tengo y me encanta este blog :), gracias de nuevo Luis.